La Inquietante Historia del Perro Asesino

Pitbull

Aprovechando las fiestas y los puentes de esta semana, hemos pasado unos días en la Masía que tengo en la Sierra. Invité a estar con nosotros a mi Amigo Fernando, a sus 2 hijas y a su perro, un Pitbull de aspecto bastante amenazador.

Fernando aceptó la invitación, pero dijo que no hacía falta que viniese el perro, que podía causar algún problema y que lo dejaría a buen recaudo. Pero yo insistí en que viniese ya que la Masía tiene unos exteriores amplios y ajardinados, y pensé que el perro estaría allí la mar de bien. Fernando un poco a regañadientes dijo que OK y nos fuimos todos para allá.

Pero como la Masía está en la alta montaña, la primera noche fue especialmente fría y le dije a Fernando que mejor que el perro la pasase dentro, junto al hogar. Pero él dijo que ni hablar, que mejor pasaba la noche fuera, que ya estaba causando bastantes molestias el perraco del demonio.

–Pero…  –dije yo.

–Ni peros ni peras –dijo Fernando— Se queda fuera y no se hable más.

Y  así pasamos esa primera noche. Oyendo aullar al perro, tal como si fuera el Perro de los Baskerville acechando en el Páramo de la Casa Usher.

A la mañana siguiente, desayunamos todos en perfecta armonía y al salir al jardín buscamos al perro para ver si estaba bien. Lo encontramos  muy afanoso con un animal muerto entre los dientes. Me acerqué y vi con espanto que era el loro de la vecina: el perro había entrado a hurtadillas en el jardín vecino, había visto el loro en la jaula y… ñam, ñam

–Joder! –dije– ¿Y ahora qué hacemos? ¡La vecina le tenía mucho cariño a su loro!

–Ya te dije que mejor que no viniera SuperDog –dijo Fernando.

Instintivamente y temeroso de sufrir alguna mordedura, intenté extraer como puede el loro de entre las fauces del Pitbull, forcejeando, pero Fernando me detuvo…

–A ver si te va a amputar la mano –dijo–, que le estás quitando el desayuno al ‘chucho’… Mejor ya lo hago yo, que a mi me tiene confianza…

Una vez nos hicimos con el loro, lo adecentamos lo mejor que pudimos, fuimos cautelosamente al jardín de la vecina y, como parecía no estar en casa, introdujimos al pobre animal en su jaula. ¿Qué otra cosa podíamos hacer? Cuando la vecina lo encontrase, sin duda pensaría que había sido por causa natural.

Lo hicimos rápidamente y nos fuimos a nuestra Masía a espiar, a ver qué pasaba cuando llegase la vecina… 2 horas más tarde llegaba con su todoterreno y procedía a descargar la abundante compra que había realizado… Y, no sé cómo, pero enseguida lo vio. Se le cayeron los paquetes rodando por el suelo…

Los chillidos que pegó no eran de este mundo y hasta nos pusieron la carne de gallina. Eran gritos de auténtico TERROR. Fernando y yo salimos corriendo a ver qué pasaba.

–Carmen, ¡por dios! ¿qué le pasa?…

–EL LORO!!!, EL LORO!!! –gritaba espantada— Hace dos días que lo enterramos y ahora vuelve a estar en la jaula!!! asombro_min

Esta historia se publica con permiso de la vecina, de Fernando y de su Perro con licencia:

Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 (Es decir, puedes reproducirlo donde quieras si mencionas debidamente al Autor, incluso para fines comerciales. Pero No puedes hacer modificaciones ni obras derivadas sin tener el consentimiento expreso del Autor por escrito).
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