Cómo Acabar con Todas las Guerras del Mundo

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Me gustaría que reflexionásemos juntos sobre la siguiente anécdota de la vida de Mahatma Gandhi. Que reflexionásemos y nos dejásemos arrastrar por esa idea a ver adónde nos lleva:

Gandhi se encontraba postrado, a punto de fallecer, en una de sus tantas huelgas de hambre, en esta ocasión como protesta porque habían sangrientas luchas entre musulmanes e hindús…

En esto, llegó ante él un hombre completamente desesperado porque había matado a un niño de la facción contraria. Lo había hecho lleno de odio porque, antes, el enemigo había matado a su propio hijo.

El hombre no podía contener las lágrimas en su tormento y le preguntó a Gandhi:

Maestro,… ¿Cómo puedo salir de este infierno?

A lo que Gandhi le respondió:

“Acoge a un niño huérfano de la facción contraria y quiérelo como a tu propio hijo, y… asegúrate de que lo educas según la religión y las costumbres de tus enemigos”.

El hombre, al principio, no lo entendió…, pero tras un momento de vacilación, cayó de rodillas ante Gandhi.

Yo vi esta escena en la última película sobre la vida de este Gran hombre. Me impresionó mucho…

Creo que la idea de Gandhi es simplemente una pequeña semilla. Pero que, aún así, no puede esconder toda su Potencia.

Por favor, ¿regamos juntos la semilla para ver cómo crece?…

¿Por qué suceden las guerras? ¿Qué convierte a las personas en asesinas masivas?

Pongámonos en situación y hagamos juntos este pequeño experimento mental… (que, desgraciadamente, está sucediendo en muchos lugares del planeta, con todas sus horribles variantes)…

Yo me considero pacifista, pero si de repente se abriera el techo de mi casa y cayese una bomba que matase a mi familia (hijos, esposa) y yo quedase ileso… Entonces mi actual condición humana me arrastraría a convertirme en asesino. No me importaría un bledo armarme hasta los dientes e ir a matar a quienes han matado a mi familia (el enemigo genérico, país, nación, raza, religión, lo que sea, me daría igual).

Esto es lo que me dictaría mi actual condición humana. Y, francamente, dudo mucho que lo pudiese evitar. Ver morir a tus hijos (aunque sea uno sólo) te tiene que dejar ‘marcado’ para siempre con el estigma del peor de los odios.

Pero, ¿qué pasaría si, de repente, y aún en esas durísimas circunstancias me negase a luchar y (como sugirió Ghandi)  acogiese en mi casa a un niño huérfano de mis enemigos, y lo quisiera como a mi propio hijo, y le diese la eduación según los ritos y costumbres de mis enemigos?…

Lo que pasaría (y Mahatma Gandhi lo sabía) es que habría trascendido mi condición humana actual, (mi triste condición humana actual), para convertirme en ‘algo distinto’ que muchos llevamos esperando y que algunos vaticinan que ocurrirá durante el presente siglo. Antropólogos como Eudal Carbonell lo definen o intuyen como ‘Todavía no somos humanos’ (título de uno de sus libros).

…Bien, ¿Y adónde nos lleva todo esto?

Por poner un ejemplo de las muchas guerras que están sucediendo ahora mismo…

Imaginemos un día cualquiera amaneciendo en la frontera de Gaza. Todas las cámaras de televisión están preparadas, pues allí va a tener lugar un nuevo renacer para la humanidad…

Un palestino que ha perdido a sus hijos bajo las bombas israelíes camina hacia la línea y, al llegar a ella, se detiene. Un Israelí que ha perdido a sus hijos bajo las bombas palestinas camina a su encuentro y se abrazan… Aún en sus respectivos infiernos se abrazan, lloran, se besan y se perdonan…

No son políticos de traje caro. Son personas que viven dentro de infiernos reales, verdaderos. Y las cámaras de todo el mundo captan todos los detalles de este Grandioso momento.

…Todos sus matices, toda su emoción…

Después, una mujer que ha perdido a toda su familia bajo los disparos palestinos camina hacia la línea, al encuentro de otra mujer que ha perdido a toda su familia bajo la metralla israelí… Y, nuevamente, se abrazan, se besan y se perdonan…

Y así… una y otra vez…

Os puedo asegurar que un acontecimiento así, sería uno de los más Grandes en la historia de la humanidad, y sería recordado por y para siempre como uno de los momentos claves en la evolución humana.

Miles de millones de ojos lo mirarían y lo admirarían embelesados…

Simplemente, cuando las televisiones del mundo ofrecieran esas imágenes… Bien presentadas y bien documentadas…

En ese preciso momento (y para siempre)

Todas las guerras del mundo se detendrían.

Todas las guerras del mundo se detendrían.

Todas las guerras del mundo se detendrían…

Y ni siquiera haría falta que Júpiter entrase en combustión como relataba Arthur C. Clarke en su fantástica Odisea 2 ‘2010’.

Porque la luz que nos tiene que llevar a ese cambio no está en Júpiter, está dentro de nosotros mismos…

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