Descubriendo el escondido y verdadero «por qué» de por qué siempre nos cuesta mucho más construir que destruir: el 2º Principio de la Termodinámica, por fin, al desnudo.

Estamos muy acostumbrados a ver cosas como estas:

–Los obreros tardan meses o años en construir un edificio y bastan unos pocos segundos para que un experto dinamitero lo derribe y lo destruya al completo.

–El cristalero de Murano se afana durante horas para crear una bella copa de vidrio y un fortuito accidente la convierte en mil briznas de cristal en menos de 1 segundo.

–Las Torres Gemelas del World Trade Center tardaron unos 2 años en construirse y el 11 de Septiembre de 2001 fueron destruidas en unas pocas horas cuando unos terroristas estrellaron sendos aviones a lo KamiKaze en la parte alta de sus fachadas.

–Este planeta (la Tierra) ha tardado 4500 millones de años en formarse y llegar al estado actual (que está en constante evolución) y de repente llega un asteroide de 500 Km de diámetro, choca frontalmente contra la Tierra, y la destruye al completo en una fracción de segundo.

–Un Airbus A320-211 cuesta muchísimo construirlo y un copiloto desquiciado con intenciones suicidas lo estrella en los Alpes de la Costa Azul (en Francia), asesinando a 149 personas. El impacto, las muertes y la completa destrucción del Aparato en milésimas de segundo. Recuerdo que este hecho me conmocionó y estuve varios días en estado de Shock…

Y así podría seguir con una lista interminable de eventos que ponen de manifiesto una completa asimetría entre lo que se tarda en construir algo (cualquier cosa) y lo que se tarda en destruirlo.

De hecho, el enunciado Si buscamos la máxima eficacia tanto en la construcción como en la destrucción, es un hecho patente que siempre se tarda muchísimo más en construir cualquier cosa que en destruirla” es mi manera favorita de entender el 2º Principio de la Termodinámica y ya hace años, conseguí darle esa formulación que, en el andar de los años, ha ido resonando en mi mente…

Cuando era estudiante de 2º de Física tuve que lidiar con un 2º Principio (totalmente equivalente) que decía: “En un estado de equilibrio, los valores que toman los parámetros característicos de un sistema termodinámico aislado son tales que maximizan el valor de una cierta magnitud que está en función de dichos parámetros, llamada entropía”

Como puede verse, una forma de escribirlo “muy clara y meridiana” que recuerda al lenguaje jurídico y médico: lenguajes ambos inventados para alimentar y sostener el elitismo de juristas y médicos. Cuando el conocimiento debería ser democrático y explicado al alcance de cualquier persona que sólo sepa leer, escribir y las cuatro reglas básicas de las matemáticas.

La cuestión es… ¿Por qué hay esa aplastante asimetría entre lo que se tarda en construir y en destruir cualquier cosa???

Veamos…

Si postulamos y aceptamos que hay 2 Flechas del Tiempo superpuestas: una en la dirección que todos conocemos (pasado-presente-futuro) y otra Flecha en la dirección contraria (futuro-presente-pasado). Y que la Flecha más natural y preponderante es la segunda, entonces nos encontramos en la misma situación de un barquero pescador flotando con su barca de remos en el río Ebro (el más caudaloso de España).

Nota: la primera noción que tengo de “experimento mental” se la debo al Gigante Albert Einstein cuando jugaba en su cabeza con trenes y luces rebotando en espejos colocados en el techo de un tren, mientras había un observador “fijo” en el andén. O cuando mi tocayo Albert cabalgaba sobre un rayo de luz siendo adolescente en Italia. O cuando él se imaginaba encerrado en una caja opaca intentando discernir si estaba ante un campo de gravedad o simplemente alguien o algo estaba empujando la caja con una fuerza F. Y así también, la primera noción de que es muy bueno subirse a hombros de Gigantes para alcanzar las Estrellas del conocimiento, se la debo al Gigante Isaac Newton.

Así que hagamos el siguiente Experimento Mental:

Digamos que el Barquero, después de pescar unas buenas Merluzas en el mar mediterráneo, debe remontar el río para llegar a su embarcadero (y a su casa) que está a unos escasos 500 m (metros) río arriba.

Así que el barquero empieza a remar con esfuerzo río arriba y cuando al cabo de 10 minutos lleva remados 250 m, se para un momento para encender su pipa, pero su antiguo encendedor de mecha se atasca y consigue encenderla al quinto intento. Pues bien, cuando nuestro esforzado barquero coge de nuevo los remos, descubre para su asombro que está otra vez en la desembocadura, en el Km 0 (por usar la terminología más al uso) y que ha perdido todo el trabajo que le había permitido llegar hasta los 250 m… ¿Qué ha pasado?…

El barquero, pese a lo tosco de su mechero, sólo ha tardado un minuto en encender su pipa y eso le ha hecho perder 10 minutos de esfuerzo de remo, obligándolo a volver a empezar con pesadumbre. Así que maldice (como es natural) y rema de nuevo… Esperemos que esta vez lo haga de un tirón y lo consiga…

Pues bien, lo que ha pasado es que el barquero tiene que luchar contra la corriente del río Ebro para llegar a su casa (igual que los Salmones). Y como la velocidad de corriente del río es de A m/s, el Barquero tiene que contra-restar esa velocidad imprimiendo a su barca una velocidad ligeramente mayor de B m/s, de manera que la velocidad del barquero río arriba, respecto de la orilla del río, es de (B – A) m/s. Pero cuando deja de remar para encender su pipa, automáticamente, la situación cambia, y su velocidad respecto a la orilla es de A m/s, pero esta vez río abajo, en dirección al mar, alejándole de su objetivo.

Pues bien, ahora introduzcamos las analogías que nos permitirán entender lo que pasa en realidad con la asimetría entre el Tiempo empleado entre la construcción y la destrucción de las cosas. Pues la Neurociencia ya hace mucho tiempo que se dio cuenta de que las metáforas son una potente manera de entender las ideas…

Lo que pasa en realidad es que cuando tenemos que construir algo “lo que sea” tenemos que remar río arriba, invirtiendo mucho trabajo y esfuerzo, porque remontar el río del Tiempo hacía el futuro sólo puede conseguirse invirtiendo mucho trabajo o Energía (bien sea de nuestros músculos, o de los combustibles fósiles, o del enchufe que ahora está alimentando mi ordenador). Pero para destruir, simplemente hay que dejar de remar y… se destruye sólo.

Precisemos un poco más:

Hay que remar muchísimo río arriba en aguas mansas para construir el edificio…. Y una vez construido se deja de remar y como son aguas mansas el edificio empieza a ir río abajo poco a poco deteriorándose paulatinamente (supongamos que no hay presupuesto para su mantenimiento, es decir, para remar un poco río arriba de vez en cuando). Pero hete aquí que un día llegamos a un tramo del río muy estrecho y el río manso se convierte de repente en un río enfurecido y embravecido con una velocidad de sus aguas enorme. Supongamos que el río permanece estrecho en toda su longitud. Entonces el edificio es arrastrado en cuestión de pocos segundos hacia la desembocadura del Tiempo.

Nota: la ley de la Física que explica la velocidad de las aguas de un río en función de su estrechez es el el principio de Bernoulli (en condiciones de Flujo laminar o constante, es decir, sin turbulencias):

En la imagen anterior nótese cómo V2 > V1 , a medida que el río se estrecha. Por favor, obsérvese también (y aquí está la clave) que cuando el cauce se estrecha las líneas de flujo están más próximas entre sí…

Pues bien, ahora viene la relación que establece el Quid Crucial:  Dado un volumen determinado del Edificio, la proximidad en los puntos de ese volumen que ceden Energía va a determinar la anchura por unidad de longitud de la Flecha del Tiempo Invertida y, por lo tanto, que la velocidad río abajo sea mansa o no lo sea. Así, cuantos más puntos participen cediendo Energía en ese volumen, mayor será la velocidad de la Flecha del Tiempo Invertida.

Nota: Así podemos comprender fácilmente que la cercanía (estrechura) de los flujos de Energía salientes así como su cantidad total en los pilares del Edificio determinan que la velocidad del río hacia abajo sea manso o no lo sea. Así si esos flujos de Energía son lo suficientemente densos (por unidad de volumen) (un cartucho de dinamita explotando, por ejemplo) eso provocará que el río de Tiempo hacia abajo se embravezca de repente.

Así, la velocidad de las “aguas” río abajo en cada punto del Universo (incluidos aquí cada uno de los puntos que forman nuestro cuerpo humano y, por supuesto, nuestro cerebro) sólo van a depender de la cercanía (estrechura) de los flujos de Energía (salientes) así como de su cantidad total. Y si esos flujos de Energía están muy separados y son pequeños (petardos en lugar de dinamita) y nadie rema río arriba, los edificios y las personas nos iremos deteriorando poco a poco en este proceso vital que llamamos vida (eso sí, las personas sobrepasado el umbral de los 35 años, como explicaré a continuación)… Porque los edificios “a su manera” también son entes vivos (no en el sentido estricto, aunque nacen y mueren y sólo les falta reproducirse).

Observemos que nuestro organismo (como seres humanos) está constantemente remando río arriba, mediante el aporte de Energía que proporcionan nuestras células especializadas en el proceso del metabolismo. Digamos que desde los 0 hasta los 35 años aproximadamente conseguimos remontar sin demasiadas dificultades el río hacia arriba y todo en nuestro cuerpo mejora con el paso del Tiempo (desarrollo hasta la madurez y plenitud del ser humano). Pero desde los 35 años hasta la fecha de nuestra muerte, las células ya no consiguen aportar la suficiente Energía (se ha hablado mucho del paulatino acortamiento de los Telómeros, pero, en suma, todo se reduce a si las células son capaces de aportar la suficiente cantidad de Energía o no para vencer a la corriente del Tiempo en sentido inverso que siempre está ahí (aunque nadie reme en ese sentido inverso, porque el sentido inverso del Tiempo, insisto, es el sentido más natural de este Universo porque se consigue sin remeros). Y que todo termine deteriorándose de forma más o menos lenta y paulatina cuando se abandona a su suerte, es el resultado inevitable de que la Flecha del Tiempo hacia atrás “nunca para de remar” (ojo! Ya sé que ahí nadie rema (el río Ebro no necesita que nadie reme para que la barca sea arrastrada hacia abajo, hacia la desembocadura), simplemente era una expresión para enfatizar que la corriente del Tiempo hacia atrás nunca cesa, en contraposición con la corriente hacia adelante del Tiempo que necesita de un aporte de Energía para que alguien reme y así poder vencer a la corriente descendente que, como digo, nunca, nunca, (nunca)n,…, cesa).

Atención: El hecho de que nuestro cuerpo empiece a deteriorarse a partir de los 35 años en el proceso del envejecimiento, es porque nuestras células (de forma mayoritaria) no reman lo suficientemente deprisa y están yendo hacia atrás en el río del Tiempo, volviendo a su punto de partida que es cuando estaban deconstruidas (es decir, no construidas). Pero, a pesar de esto, eso NO significa que nuestro cerebro y (por lo tanto) nuestra conciencia dejen de ir hacia adelante en el río Tiempo: ya hemos explicado en un capítulo anterior cómo las dos Flechas del Tiempo están fuertemente imbricadas en la materia viva de forma muy compleja de forma que unos volúmenes de nuestro cuerpo pueden ir hacia atrás en el Tiempo mientras que otros volúmenes (tales como nuestro cerebro) van hacia adelante. Y resultando, incluso caprichosamente, que más tarde, los volúmenes que antes iban hacia atrás en el Tiempo, resulta que ahora van hacia adelante y viceversa.

Así es: en cada punto y en cada instante de nuestro cuerpo y por lo tanto en cada volumen, el ir hacia adelante en el Tiempo o el ir hacia atrás sólo va a depender de los flujos netos de Energía en las fronteras de ese volumen, en el sentido de si son entrantes o salientes (endotérmicos o exotérmicos), así como de las cantidades de Energía de esos flujos.

Y la velocidad hacia atrás o hacia adelante en el Tiempo (velocidad a la que se destruye un edificio, por ejemplo) sólo va a depender de la cercanía de los puntos que CEDEN Energía y, por lo tanto, de lo cerca que estén las líneas de Flujo de Energía SALIENTE (en el caso de la Flecha del Tiempo hacia atrás); Y, análogamente, en el caso de la Flecha del Tiempo hacia adelante, la velocidad del transcurso del Tiempo sólo va a depender de la cercanía de los puntos que ABSORBEN Energía y, por lo tanto, de lo cerca que estén las líneas de Flujo de Energía ENTRANTE.

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