El País de las libertades

El país de las libertades

Está claro que EEUU es el País de las libertades:

Si eres negro, tienes la libertad de experimentar cómo te sobreviene la muerte cuando un policía hinca la rodilla en tu cuello.

Si eres blanco, tienes la libertad de morir como un perro entre los contenedores de basura porque otro blanco, o del color que sea, ha tenido la libertad de comprarse un rifle de repetición en la ferretería de la esquina y pegarte cuatro tiros.

Si eres rojo, tienes la libertad de la inexistencia en ese País porque tus antepasados fueron expulsados de sus tierras vírgenes, confinados en reservas donde se controlaban y extrangulaban sus vías de suministros. Y también tienes la libertad de poder comprobar de forma exquisita como la documentación sobre esa aniquilación está prácticamente ausente de los libros de Historia por aquello de que la historia la escriben los ganadores. Pero eso sí, no te vayas a quejar, tienes la libertad de sentarte en tu butaca y ver las muchísimas versiones descafeinadas de Hollywood donde los indios son siempre los malos y punto.

Si eres verde, tienes la libertad de ser apresado en Roswell, en el Condado de Lincoln, y ser sometido a toda clase de autopsias y vejaciones, con la libertad, claro está, de disfrutar de ellas manteniéndote con vida, con lo que todo ello supone. Previo a esto, los médicos forenses con sus delantales de goma, bien enguantados, han tenido la libertad de tener la precaución de retirar todos los objetos punzantes, obtusos o contundentes de la sala para que tú, a su vez, puedas tener «la libertad» de NO utilizar tus poderes telequinéticos a lo Carrie y dar al traste con tan exquisitos experimentos.

Si eres amarillo, oh! sorpresa! En ese caso estás de suerte porque tienes doble libertad: primero tienes la libertad de poner en jaque a TODA la economía mundial creando empresas con 0 patatero derechos laborales, donde trabajan 12 horas al día hombres, mujeres y niños por un mísero plato de lentejas o por una mísera sopa de murciélago. Y luego, además, también tienes la libertad de comprar y comer cualquier animal podrido en cualquier mercado clandestino (allí hasta se comen perros y gatos) y así convertirte en el próximo ciudadano 0 que transmita a todos el siguiente corona-virus y haga hincar la otra rodilla a este viejo planeta cansado ya de la raza… ¿humana?

Si eres fucsia,… No! Mi imaginación no llega para tanto… Pero estoy seguro de que si hubiesen fucsias también gozarían de muchas libertades.

Cuanta Razón tiene Eudald Carbonell con el título de su libro «Aún no somos humanos»

¿Para cuándo esa transformación? Ya tarda y la echo muchísimo de menos.

Conclusión: Para tener VERDADERA LIBERTAD no tienes que tener ningún color, es decir, ser transparente.

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