¿Qué esta pasando en Catalunya?

Hace 2 años tuve que abandonar Cataluña por motivos personales y he sentido en carne propia la letra de l’Emigrant

“Dolça Catalunya,
pàtria del meu cor,
quan de tu s’allunya
d’enyorança es mor.”

Así he vivido un periodo de más de 2 años a caballo entre las Islas Canarias y la Provincia de Albacete, conociendo culturas, acentos y calidades de vida muy diferentes a lo que estaba acostumbrado.

Desde fuera he vivido con creciente preocupación lo que ocurría en mi tierra. En gran parte porque tengo a mucha familia allí…

Al poco de marchar viví con ilusión la declaración unilateral de independencia, pero cuando vi que esa declaración no tenía ningún apoyo internacional enseguida comprendí que era un bodevil, una pamtomima. Nada serio. Viendo esto ya me desvinculé emocionalmente de esa declaración y entonces me pregunté de qué habían servido las embajadas de Catalunya en los distintos paises si no habían conseguido recabar ningún apoyo.

Si sólo tenemos en cuenta este pequeño detalle, creo que ya se pueden sacar algunas conclusiones bastante terribles:

Unas personas que saben que no tienen ningún apoyo internacional se atreven a declarar la independencia de un país, así, a lo Revlon: “porque yo lo valgo”. ¿Qué clase de Egos henchidos se tienen que tener para hacer algo así?

Por favor, démonos unos minutos para reflexionar sobre esto… Porque me parece muy fuerte.

Por ejemplo, hace poco hemos vivido declaraciones soberanas en Venezuela (Guaidó) y hoy mismo en Bolivia (donde una mujer se ha declarado Presidenta interina de la Nación) y en los 2 casos paises internacionales se han afanado a dar apoyo y credibilidad a esas declaraciones de soberanía nacional.

Pero, por lo visto, en Cataluña no se han hecho los deberes en ese sentido y se ha llegado a creer la falacia de que teniendo personalidades suficientemente fuertes se puede lograr la independencia sin conseguir apoyos por ningún lado. Lo que me parece increíble dada la Globalidad instalada desde el advenimiento de Internet.

Esas personas han creido que eran “Estación final” y no meros peones en una partida a muy largo plazo. Así Puigdemont, Junqueras y los demás han sido víctimas de su fuerte sentido de trascendencia, como si fuesen Máximus invencibles en el Elíseo de Roma. El sentido de trascendencia no es malo tenerlo, pero en su justa medida, sin que se te suba a la cabeza…

Y es que por ahí circulan extrañas teorías esotéricas que afirman que si deseas algo con mucha intensidad, se termina cumpliendo, así, con el simple poder de la mente. Algo así es lo que debieron pensar los líderes independentistas.

Si acaso, como descargo, se puede argumentar que 27 días antes de esa declaración unilateral de independencia (el 1 de octubre de 2017), se intentó votar en cataluña (independencia sí o no) y ese referendum fue reprimido a golpe de cachiporra por las fuerzas de seguridad de España. Y ese fue un trato indigno para un pueblo que no pudo ejercer la más mínima libertad democrática, poniendo en evidencia sin ningún tipo de disimulo que Cataluña es una simple colonia de España (como así es históricamente). Esa represión convirtió ese referendum en completamente irregular y, por consiguiente, en inválido.

Y ante ese trato indigno, el gobierno de cataluña dio una respuesta emocional (que no lógica ni inteligente, ante la falta de avales internacionales y ante la falta de fuerza bruta). Un paso hacia adelante para intentar salvar la poca dignidad que les quedaba. A lo Mahatma Gandhi, una de cuyas frases es: “Pueden encadenarme, pueden torturarme, incluso pueden destruir mi cuerpo, pero nunca podrán encarcelar mi mente”.

Y así España (que si tiene avales internacionales y sí tiene la fuerza bruta) se empeña en quitar la dignidad a esas personas que proclamaron la idependencia con penas de cárcel (suman más de 100 años en total) y persiguiendo a los fugados (Puigdemon y compañía): hay que dar un castigo ejemplar para que a nadie se le ocurra proclamar ninguna independencia más, en un ordeno y mando imperialista. Pero sin conseguir encarcelar la mente de Junqueras (por ejemplo), ni la de los demás encarcelados.

Sin embargo, hay un detalle que puede indicar una salida a todo este embrollo: Cuando hubo ese referendum del 1 de octubre las fuerzas españolas se comportaron exactamente igual que si sospecharan que iba a salir un SI, cuando resulta que en el último referendum catalán (oficial) que se hizo en clave plebiscitaria las fuerzas a favor y en contra de la independencia estaban repartidas casi por igual al 50%.

Así que propongo una forma fácil y probable de salir del laberinto Catalán:

Que se vote sin represión ninguna, porque si sale que NO, ASUNTO RESUELTO Y A OTRA COSA MARIPOSA. A ver si entonces, de una vez por todas se pueden atender a los verdaderos problemas de Cataluña y la convivencia y la paz vuelven a sus calles.

Share Button

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *